El Tiempo de Dios para mi abundancia,

Sacerdotes,
Dios les bendiga grandemente, este es un escrito que mi amiga mariela acaba de hacer, al leerlo entendí que muchos podiamos estar necesitando estas palabras, asi que le pedi que me permitiera publicarlo, les animo a que puedan leerlos..

Dios les bendiga muchoo..

 Espero que lo disfruten…

20/04/2007 06:30 p.m.

 

Reflexión                                             
Base Bíblica: Génesis 41.50
El tiempo de Dios para mi abundancia” 

50Y antes que llegara el año del hambre, le nacieron a José dos hijos, que le dio a luz Asenat la hija de Potifera el sacerdote de On. 51 De modo que José llamó al primogénito por nombre Manasés, porque, decía él: “Dios me ha hecho olvidar todas mis desgracias y toda la casa de mi padre”. 52 Y al segundo lo llamó por nombre Efraín, porque, decía él: “Dios me ha hecho fructífero en la tierra de mi miseria”.  

Meditaba o mas bien hacia un recuento de las experiencias que he vivido desde que llegue a este lugar (Republica Dominicana – enero 2006) y lo difícil y por que no decirlo, doloroso que ha sido en momentos dados.  No es nada fácil dejar lo poco o mucho que se tiene, incluyendo tu país e ir a vivir a un lugar con gente que no es la tuya, en una tierra que no conoces, salir sin saber a donde vas.  No puedo evitarlo, cada vez que lo recuerdo me asaltan las lagrimas, pero ya no de tristeza, sino de regocijo.  Si, ya se, el terror que se siente cuando no sabes que hacer o donde vivirás o a quien llamaras cuando te enfermes, cuando tienes que aparentar ante cada llamada de la gente que te ama y convencerles y ala vez convencerte de que estas bien, de que te va excelente y hasta que te encanta lo que haces y donde estas.  Cuando la realidad es que te consumes de soledad y te quema por dentro la desesperación por regresar con ellos.  Entonces porque el regocijo, porque hoy, esta tarde, he podido mirar atrás a esos momentos y darme cuenta de que aunque fui separada de mi gente, de mi tierra y de aquello que me hacia sentir segura, y  traída a una tierra que mas que sentirme recibida, se convirtió en la tierra de mi aflicción, se que Dios estuvo siempre en control y que hay un propósito por el cual estar aquí. 

Y que te parece si ha ese panorama le añadimos algunos detalles adicionales.  Algunos llegamos a la tierra de nuestra aflicción por voluntad propia, pero otros son llevados por la fuerza, tal y como sucedió con José.  Llego a la tierra de su aflicción, Egipto por la fuerza, vendido por sus hermanos, separado de su familia y de la seguridad de su hogar no por que quiso, sino por la envidia de sus hermanos.  Me hace pensar en las muchas veces que somos llevados a la tierra de nuestra aflicción por el abandono, la herida o la traición de la gente que amamos.  Y cada mañana al contemplar a nuestro alrededor y ver el lugar en que nos encontramos no podemos evitar recordar a los que con sus acciones nos llevaron allí.   

Cada mañana en Egipto, durante mucho tiempo le recordó a José quienes le habían llevado allí.  Mantenerse vivo le costo trabajo y dolor, salir de la condición de esclavo en que llegó, le trajo muchísimo sufrimiento.  Durante mucho tiempo vivió en escasez, cuando otros vivían en abundancia.  Pero su crisis, parecía terminar, Dios le traía a un tiempo de abundancia.  Lo curioso es que ese tiempo de abundancia coincidía con un tiempo de escasez para toda aquella tierra.  Ese es sin duda el tiempo de abundancia de Dios.  El que comienza cuando pareciera que debiéramos morir.  Pero era necesario que la etapa de escasez en la vida de José, se le pusiera un punto final.  Cuando este tipo de etapas terminan en nuestra vida, solemos quedarnos con recuerdos que nos entristecen y en ocasiones queremos salir y disfrutar de esa abundancia fuera del lugar en donde vivimos la escasez.  Pero el tiempo de abundancia de Dios para nuestras vidas debe darse en la tierra de nuestra aflicción y miseria.  Por esto para entrar en ese tiempo de abundancia de Dios dos cosas en nuestra vida deben ser cambiadas. 

Cuando nació el primogénito de José le llamo “Manases” y dijo “Dios me ha hecho olvidar todas mis desgracias y toda la casa de mi padre”.  La tierra entera estaba en escasez y José ante el comienzo de su tiempo de abundancia exclama “Dios me ha hacho olvidar…” Así que lo primero que Dios opera en nosotros es nuestros recuerdos.  Nos hace olvidar y no con un olvido de borrar experiencias, sino con un recordad sin dolor.  Que debemos recordar sin dolor, ante el umbral de ese tiempo de abundancia, nuestras experiencias de dolor, de esfuerzo por salir adelante con todo en contra, el miedo que sentimos a estar solos, el trabajo que nos ocasiono amargura, la escasez espiritual, emocional y/o física que hasta el momento hemos vivido.  También es necesario que recordemos sin dolor, a aquellos que de una forma u otra nos han herido con acciones o abandono, antes de llegar a donde estamos o durante nuestra estadía aquí, esa es la “casa de mi padre” para nosotros.    

Seguido al olvido Dios opera otra acción en nuestra vida. “Y al segundo lo llamó por nombre Efraín, porque, decía él: “Dios me ha hecho fructífero en la tierra de mi miseria”.  Dios debe transformar nuestra forma de ver la tierra en la que estamos.  En lugar de verla como la tierra de nuestra miseria, Dios nos permite verla como la tierra en donde somos fructíferos, tierra donde somos fértiles, donde producimos y abundamos.   A pesar de la miseria que vivimos.  El nacimiento de un segundo hijo en la tierra que por mucho tiempo fue su miseria, transformo su visión.  Ya cuando José recordara a Egipto diría en esa tierra tuve frutos que han llenado mi vida de amor y satisfacción.  Dios cambia nuestra forma de ver la tierra en que estamos, nos hace fructíferos, prósperos en ella.  Para que con el tiempo digamos en esa tierra alcance mis mas grandes logros, en ese lugar aprendí lo que necesitaría el resto de mi vida, en esa tierra inicie el tiempo de abundancia de Dios para mi vida.   

Si estas dos áreas en la vida de José no hubiesen cambiado, jamás hubiese logrado alcanzar el propósito de Dios para su vida.  Es hermoso apreciar el cambio de mentalidad y actitud de José ante sus hermanos: “Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido, pues en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes para salvar vidas. Desde hace dos años la región está sufriendo de hambre, y todavía faltan cinco años más en que no habrá siembras ni cosechas. Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra. Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor  del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.”   

Cuando olvidamos y cambiamos nuestra manera de ver la tierra 4 cosas sucederán en nosotros:1)             Perdonamos a los que nos han lastimado en el pasado y contribuiremos a su sanidad también: “Yo soy José, el hermano de ustedes, a quien vendieron a Egipto. Pero ahora, por favor no se aflijan más ni se reprochen el haberme vendido…”2)             Entendemos que no fueron ellos ni las circunstancias las que nos llevaron a esa tierra, sino Dios: “…en realidad fue Dios quien me mandó delante de ustedes…”3)             Comprendemos para que hemos sido llevados hasta ese lugar: “Por eso Dios me envió delante de ustedes: para salvarles la vida de manera extraordinaria y de ese modo asegurarles descendencia sobre la tierra.”4)             Asumimos aquello para lo cual Dios nos ha puesto en ese lugar, entendiendo la dimensión de lo que estamos  haciendo en Dios: “Fue Dios quien me envió aquí, y no ustedes. Él me ha puesto como asesor  del faraón y administrador de su casa, y como gobernador de todo Egipto.”                                          

Los resultados hablan por si solos. Escuchemos las palabras del mismo José: “Es verdad que ustedes pensaron hacerme mal, pero Dios transformó ese mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo: salvar la vida de mucha gente.” José vuelve sobre los acontecimientos de su vida, como muchas veces repasamos los nuestros. Y sigue viendo el mal que sus hermanos le ocasionaron, pero ese mal ahora José, con su mente y actitudes transformadas lo ve dentro del marco del propósito de Dios, declarando también el bien en que Dios lo transformó. Pongamos nuestra vida, corazón y pensamientos en las manos de aquel que todo lo puede y quien nos ha traído hasta esta tierra, no para que sea la “tierra de nuestra aflicción” sino para que sanemos nuestras emociones hacia aquellos o aquello que hasta hoy nos ha venido entristeciendo y seamos fructíferos en ella.  Es en esta la “tierra de nuestra miseria” y en este tiempo en donde todos viven en escasez, cuando Dios ha determinado que sea nuestro tiempo fructífero y de abundancia. Porque Dios ha transformado todo el mal en bien para lograr lo que hoy estamos viendo y nos ha hecho fructificar en la tierra de nuestra aflicción.  Amen.

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2 comentarios en “El Tiempo de Dios para mi abundancia,

  1. El ejercicio del perdon, ennobleze nuestro sacerdocio, nos hace semejante a nuestro Padre que es “Grande en misericordia”, y nos garantiza perdon para nosotros mismos…-“así como nosotros perdonamos, a los que nos ofenden.”

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