En la busqueda del favor de Dios.

Sacerdotes..


Dios les bendiga, hace unos días que estoy atravesando una situación un poco confusa para mi, y a raíz de eso, he visto la diferencia de cuando el favor de Dios está sobre ti, de cuando no está. Le hice a Dios la siguiente pregunta:”Señor, como puedo experimentar tu favor, en todas las áreas de mi vida”, y aunque todavía no he podido ver esta pregunta contestada a su totalidad, se sin embargo, que Dios es fiel, y que a su tiempo me contestará.

Espero que este escrito de David Wilkerson pueda ayudarles…. 

Dios les bendiga mucho…

El libro de Hageo es una lección maravillosa sobre cómo conseguir y mantener la bendición y el favor del Señor. En absoluta simplicidad el profeta Hageo destaca cómo los hijos de Dios pueden vivir y caminar bajo la incesante bendición y el favor de Dios.

Pero Hageo también muestra las causas y razones por qué el pueblo pierde las bendiciones de Dios – ¡y lo que deben hacer para volver a su favor! Esto es verdad para las naciones, familias e individuos.

La verdad maravillosa es que Dios bendice aquellos que caminan en fidelidad – él muestra favor a aquellos que le favorecen. No sé tú, pero ¡me gusta estar alrededor de las personas que tienen el favor de Dios! Hay algo de la exuberancia de Cristo sobre ellos. Y tienen una paz firme. No tienes que preocuparte de un día al otro si están arriba o abajo, porque hay una firmeza sobre su caminar con Dios.

Una de las más grandes tristezas que un pastor tiene que llevar, sin embargo, es ser testigo de los cambios horribles que tienen lugar en los cristianos que se amargan. Éstos son creyentes que una vez estaban encendidos para Dios, dedicados y celosos en su obra. Estaban contentos, bendecidos, creciendo en la fe, madurando espiritualmente.

Entonces un día comenzaste a darte cuenta que algo había ido mal. Un ceño fruncido había reemplazado sus sonrisas. De repente habían detenido el crecimiento. ¡El decaimiento espiritual había llegado!

¡Esto le pasa a los matrimonios! Quizás es la verdad de tu matrimonio. Sólo un año o algo así, ustedes dos parecían tan felices. Había una chispa en sus ojos y eran como novios. Por todas partes veían que Dios estaba bendiciéndoles. Las personas alrededor de ustedes pensaban que nada podría pasar entre ustedes. Ambos disfrutaban de la plenitud del favor de Dios.

Pero ahora algo está mal. En asunto de sólo meses, ¡ambos están caminando en la tristeza! No pueden estar de acuerdo sobre algo – hay un constante malentendido entre ustedes. Su amor el uno por el otro y por la obra de Dios está menguando. ¡Su bendición y favor en su matrimonio ha sido retirado!

¡Esto también le pasa a cristianos individuales! He sido muy bendecido por la fidelidad y celo de muchos cristianos individuales, muchos de ellos que son solteros. Están tan llenos de gozo, entusiasmados por la Palabra de Dios, siempre poniendo la obra del Señor primero. Cuando los veo me digo a mí mismo, “Allí va uno que nunca renunciará y nunca dejará de crecer. ¡Él [o ella] está determinado a ir todo el camino con el Señor!”

Pero, tristemente, algunos de estos creyentes celosos empiezan a cambiar. Empiezan a faltar a las reuniones, considerando que solían venir a cada servicio. Y una mirada triste, austera esta sobre su semblante. La bendición de Dios no está allí – ¡casi puedes verla salir de ellos!

Ahora cuándo los veo, me pregunto, “Señor – ¿qué pasó? ¿Cómo pudieron simplemente alejarse? ¿Cómo vino tal frialdad a su espíritu? ¿Cómo pudieron olvidar el secreto de tener tu bendición y favor en ellos?”

¡Lo mismo pasa a las naciones! Desde el día que Dios mandó sus bendiciones a Israel, hasta los días modernos de América – ¡las naciones que una vez vivieron bajo la bondad dadivosa pronto se olvidaron de Dios! Olvidan por qué él les bendijo – y se vuelven sus enemigos, ¡yendo del favor a los terribles juicios!

Ninguna nación fue tan bendecida como Israel. Dios les dijo, “Les escogí entre todos los pueblos de las naciones – ¡y los llevé en mis brazos! Te encontré, bañé y vestí. ¡Pero entonces ustedes se volvieron agrios contra mí! ¡Se volvieron contra mí, cometiendo adulterio espiritual!”

¡Cómo Israel, ¡América ha perdido la bendición y el favor de Dios! En un tiempo esta nación fue grandemente bendecida. Nuestros antepasados fueron, en su mayor parte, hombres piadosos. Y hasta hace unos cuantos años, América bendijo al mundo entero como la nación prestamista número uno. ¡Ya no! Ahora somos la nación deudora número uno, ¡debiendo más dinero que el resto del mundo combinado! ¡Estamos en una deuda tan profunda que nunca lograremos salir de ella!

¿Qué le ha pasado a América? ¡Ha perdido su alma, su bendición, su favor para con Dios! Ya no somos una nación bajo Dios – porque él nos ha entregado a nuestros pecados. Nos hemos vuelto ateos – ¡y ahora estamos bajo su disciplina divina!

¿Cómo pierden las naciones, las familias, y los individuos la bendición y el favor de Dios? ¿Qué produce esta caída en la ruina y la vergüenza? Hageo enlista tres razones para esto:


1. ¡Los auto-intereses empiezan a
reemplazar los intereses de Dios!


“Este pueblo dice, No ha llegado aún el tiempo, el tiempo de que la casa de Jehová sea reedificada.” (Hageo 1:2) Los israelitas dejaron de construir la casa del Señor – ¡para construir sus propias casas!

Esta escena tuvo lugar sesenta y ocho años después de que el templo de Salomón fue destruido. Un remanente había vuelto a Jerusalén de la cautividad babilónica específicamente para reconstruir la casa de Dios. Y, de hecho, ¡pusieron el fundamento del templo con celo y entusiasmo!

Pero entonces empezaron a encontrarse con algunos lugares duros – dificultades, desalientos. Poco a poco, perdieron el interés en la obra de Dios. Dijeron, “Simplemente no es el tiempo – estamos teniendo demasiados problemas. Además, estamos pasando demasiado tiempo aquí. Estamos descuidando nuestras familias y nuestros negocios.”

Uno por uno, se alejaron para atender a sus propios intereses. ¡Y los intereses del Señor – qué tenían todo que ver con su propio bienestar – se volvieron secundarios!

Comenzaron a construir sus propias casas. Y usaron la madera que habían almacenado para construir el templo – todo el maravilloso cedro que habían traído de las laderas de la montaña.

Cuando Hageo llego en escena, oyó el golpeteo de los clavos y vio casas levantadas por todas partes. Entonces pasó por la casa de Dios – ¡y estaba descuidada! ¡Nadie estaba trabajando en el templo!

Empezó a clamar: “¿Es para vosotros tiempo, para vosotros, de habitar en vuestras casas artesonadas, y esta casa está desierta? Pues, así ha dicho Jehová… Meditad bien sobre vuestros caminos” (versículos 4-5). Él estaba diciendo, en otros términos, “Despiértense – piensen en lo que están haciendo!”

Podrías preguntar: ¿Cuál es el templo de Dios que está siendo construido hoy? La Escritura dice que es nuestro cuerpo: “O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?” (1 Corintios 6:19).

De hecho, la iglesia de Jesucristo es su cuerpo sobre la tierra. Él es la cabeza, en la gloria – y nuestro trabajo primario aquí en la tierra es construir su cuerpo espiritual. Todo lo que hacemos por Jesús no es construir simplemente una iglesia local o ministerio – ¡construimos el cuerpo de Cristo en la tierra!

¿Cómo, entonces, los creyentes hoy pierden la bendición y el favor de Dios? ¡Deteniendo la obra de su templo! Pasa cuando dejamos la oración y búsqueda de Dios – ¡cuando dejamos de edificar su cuerpo espiritual!

La Escritura dice que si un miembro se duele, todo el cuerpo sufre. Sé que si golpeo mi dedo o aplasto el dedo de mi pie, ¡mi cuerpo entero reacciona – incluso mi cabeza lo siente! Por consiguiente, si no estás haciendo tu parte construyendo la casa de Cristo – si no estás buscándole con todo tu corazón – entonces estás hiriendo el cuerpo entero. ¡Estás hiriendo inclusive a la Cabeza, Jesús!

Aquí está el problema que Hageo señala: Cuando las personas ponían los intereses de Dios primero, él proporcionaba su comida y resguardo. De hecho, eran cuidados por él en toda forma: Sus viñas crecieron, sus uvas eran pesadas. Dormían apaciblemente por la noche, y sus niños bailaban en las calles. Ningunos de sus enemigos prevaleció contra ellos. Era un tiempo maravilloso de bendición de Dios. ¡Pero entonces el pueblo se absorbió con sus propios intereses!

Ahora, Dios no está en contra que proveamos para nuestro hogar. Tenemos que ser diligentes en nuestro trabajo diario y negocios. Pero los israelitas habían dejado de hacer la obra de Dios completamente. ¡Los propios intereses habían poseído cada pensamiento!

Hoy, muchos cristianos vienen a la casa de Dios y simplemente se sientan. Nunca hacen algo para edificar su cuerpo. Están demasiado involucrados en sus propias carreras y familias – ¡demasiado ocupados con sus propios intereses!

Dicen, “Algún día tendré tiempo – entonces seré capaz de poner los intereses del Señor primero. En cuanto haya pagado mis deudas y apartado un poco para el futuro, entonces daré más tiempo a los asuntos espirituales.” ¡No! Éstos son tibios, incluso fríos – ¡dando a Dios cada vez menos de su tiempo y sus recursos!

Quizás una vez viniste a la casa de Dios con celo genuino por él. Estabas lleno de Cristo – él era tu todo, tu vida. Pero ahora estas atrapado haciendo dinero, intentando mejorar tu estilo de vida. De repente, tus intereses han sobrepasado los intereses de Dios. ¡Has empujado su obra fuera de tu vida!


¡Dios te dice pagarás un alto precio
por poner tus propios intereses primero!


“Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto” (Hageo 1:6).

Dios estaba diciendo al pueblo: “Ustedes corren por las cosas materiales – casas, tierras, dinero – ¡y ellas se comen todo su tiempo y energía! Cuando ustedes se consumían haciendo mi obra, tenían alegría y satisfacción. Pero ahora están vacíos, desilusionados, e insatisfechos. Y no importa lo que hagan, ¡nada los satisfará!”

“Buscáis mucho, y halláis poco; y encerráis en casa, y yo lo disiparé en un soplo, ¿Por qué? Dice Jehová de los ejércitos. Por cuanto mi casa está desierta, y cada uno de vosotros corre a su propia casa” (versículo 9).

Dios dijo, “Ustedes lo quisieron tan desesperadamente y trabajaron tan fuertemente para esto. ¡Pero me robaron para conseguirlo! Lo trajeron a casa, y no les satisfizo – ¡porque yo disipé toda satisfacción!”

¡Esto es lo que está pasando en América hoy! Piensa en esto: Nunca en la historia de la humanidad ha habido un país de tantos, con tanta – ¡sin satisfacción! Compras las cosas que codiciaste y por las que trabajaste tan fuertemente – pero tan pronto las traes a casa, ¡toda la novedad se desgasta! No trae alegría, ni satisfacción. ¡Puedes sentir el vacío fluyendo dentro de ti!

Nuestra nación se consume consigo misma – orgullo propio, ambición propia, voluntad propia – ¡con cada persona por sus propios intereses! Con razón tantos están borrachos y aturdidos con las drogas, vagando en oscuridad y confusión. Dios ha soplado en nuestras posesiones materiales – ¡y nada de esto puede satisfacer!

Dios dice: “Y llamé la sequía [para ti]… sobre todo trabajo de [tus] manos” (versículo 11). Él está diciendo, “¡Si empiezas a descuidar tu alma y volverte a las cosas materiales, terminarás triste, descontento, vacío, seco! Traeré una sequedad espiritual – ¡y todo tu duro trabajo solo te hará sentir peor! Dirás, ‘¿Es esto todo lo que hay en la vida?”

Al cristiano carnal, Dios está diciendo: “¡Te he llamado para miseria, sequedad, para que no puedas encontrar ninguna satisfacción – para que esto te condujera hacia mí! ¡Quiero que pongas mis intereses primero, para poder bendecirte y favorecerte una vez más!”

¡Gracias a Dios, que hace eso! Cada uno de nosotros debe orar, “¡Señor, cuando comience a deslizarme de ti, hazme miserable!”


2. La segunda razón por la que las personas pierden
la bendición y el favor de Dios es porque: ¡Se niegan
a ‘dejar de compararse’!


“Y temió el pueblo delante de Jehová… y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios” (1:12,14). Finalmente, el pueblo se declaró culpable de sus propios intereses y volvió a trabajar en el templo. Regresaron donde deberían estar – ¡construyendo la casa de Dios!

Cuando se pararon ante las bases del templo, las paredes comenzaron a subir. Pero algo estaba mal – ¡muchas de las personas más viejas comenzaron a llorar! ¿Por qué? Porque ellos habían visto el esplendor del templo de Salomón sesenta y ocho años antes – y este nuevo templo no se comparaba a aquel. ¡En comparación, parecía como nada!

Empezaron a hablar de la gloria del pasado, diciendo, “Este templo, no tiene ninguna arca en él. No hay asiento de misericordia, ningún querubín. No hay fuego consumidor en el altar, ninguna shekinah, gloria descendiendo sobre la casa. Después de todo nuestro duro trabajo – todo nuestro sacrificio y obediencia, ¡todo nuestro poner los intereses de Dios primero – no damos la medida! Esto es nada comparado a lo que vimos una vez. ¿Por qué esforzarnos, por qué seguir, cuando vemos tan poco por todo lo que hemos hecho?”

Las implicaciones de esta actitud fueron muy serias – ¡y encolerizó a Dios! Hageo les dijo: “Quién ha quedado entre vosotros que haya visto esta casa en su gloria primera?… ¿No es ella como nada delante de vuestros ojos?” (2:3) Estaba diciendo, “Están parados aquí comparando su situación presente con algo del pasado – ¡y están haciéndose miserables!”

Esto golpea el mismo corazón de lo que está pasando en la iglesia de Jesucristo hoy. ¡Es una de las razones claves por la cual el pueblo ha perdido la bendición y el favor de Dios!

Una hueste del pueblo de Dios hoy está rindiéndose – ¡porque creen que nunca darán la medida! Como los israelitas, han vuelto a Dios a ponerle a él primero, buscando su voluntad, edificando su casa. Pero cuando miran sus vidas, dicen, “¡tengo tan poco que mostrar por todos mis esfuerzos! Tengo tan poco de la santidad de Dios, tan poco de su gloria en mi vida. Comparado con otros cristianos, nunca daré la medida. ¿De qué sirve el esfuerzo? Nunca tendré la victoria.”

Estoy convencido que ésta es la razón por la cual muchos cristianos consagrados renuncian a la lucha. Se comparan a otros creyentes – ¡y se descorazonan porque ellos se sienten desesperadamente inferiores!

Esto me pasó hace años cuando empecé a leer a los escritores puritanos. Vi su fuego santo por Dios – levantándose a las 4 y 5 de la mañana, orando seis y ocho horas diarias, nunca pronunciaban una palabra tonta, consumidos por la Palabra de Dios. Parecían tan santos, tan piadosos. Me llevó en un viaje de culpa – ¡sentía que nunca daría la medida como ellos!

Amado, ¡el problema es que tenemos puestos nuestros ojos en nuestra condición! No comprendemos que, en los tratos con Dios con nuestras vidas, estamos en el lugar correcto. No podemos comparar nuestras vidas espirituales con la de otro. Si continúas haciendo esto, empezarás a pensar que la gloria de Dios se ha vaciado, que se ha gastado para ti. ¡No tendrás esa expectativa para tu vida!

Hageo mostró a Israel que estaban enfocados en el objeto equivocado. ¡Habían perdido de vista el hecho que la gloria de Dios no se había agotado o vaciado! Dios les envió esta palabra a ellos:

“Yo estoy con vosotros, dice Jehová de los ejércitos… y trabajad; porque yo estoy con vosotros… así mi Espíritu estará en medio de vosotros; no temáis” (2:4-5). “La gloria postrera de esta casa será mayor que la primera, ha dicho Jehová de los ejércitos” (versículo 9).

Dios estaba diciéndoles, “Pueden haber pensado que la gloria de la primera casa era algo. ¡Pero no fue nada comparado a la gloria que está por delante! ¡Tendrán mi paz en ustedes – mi gloria inundará sus almas! Sólo permanezcan en el precioso temor de Dios. Continúen, manténganse haciendo mi obra, no importa cómo se sientan. ¡Sean fuertes, porque estoy con ustedes!”

Si apenas puedes estar en pie fiel – si permaneces verdadero para el Señor y no intentas compararte con nada excepto tu propio amor por Jesús – entonces puedes estar seguro, estás creciendo. ¡Y Dios promete estar contigo!

Hageo les advirtió, “Les ruego – antes de que se desanimen por no dar la medida, miren atrás y repasen su antiguo caminar con Dios. Recuerden cómo fue cuando dejaron a Dios. ¡Perdieron su favor y bendición! ¿Quieren regresar a esos días cuando Dios tuvo que destruirte con moho? ¿Cuándo llovió el granizo de decepciones en ti, y todo lo que hacías era en vano?

“No – has regresado al Señor, ¡y estás en el camino correcto! Dios está contigo, no importa cuán poco progreso pienses que estás haciendo. Continúa – ¡la gloria simplemente está delante!”

Entonces viene esta increíble palabra de Dios:

“Ahora pues… desde este día… vigésimo cuarto día del noveno mes, desde el día que se echó el cimiento del templo de Jehová, meditad [subráyalo]… Desde este día los bendeciré” (versículos 15-19).

Amado, puedes subrayar esto también – ¡es promesa de Dios para ti! En el mismo momento que te enfocas de nuevo en edificar el cuerpo de Cristo – haciendo a un lado todo camino egoísta, dejándole ser tu todo – puedes comenzar a ver su bendición multiforme. ¡Puedes literalmente subrayarlo! ¡Sabrás que él está favoreciéndote, sonriéndote, – regocijándose en ti!


3. La razón final por la que perdemos la
bendición y favor de Dios es: ¡El toque de muerte!


La ley judía había dicho: “Él que tocare cadáver de cualquier persona será inmundo siete días… Todo aquel que tocare cadáver de cualquier persona, y no se purificare, el tabernáculo de Jehová contaminó” (Números 19:11,13).

Ahora, escucha la palabra de Hageo a Israel:

“Y dijo Hageo, Si un inmundo a causa de cuerpo muerto tocare alguna cosa de estas, ¿será inmunda? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron: inmunda será. Y respondió Hageo, y dijo, Así es este pueblo y esta gente delante de mí, dice Jehová; y asimismo toda obra de sus manos; y todo lo que aquí ofrecen es inmundo” (Hageo 2:13-14).

Hageo estaba diciendo, “Si en cualquier momento te toca la muerte o tocas la muerte, te has manchado. Eres inmundo – ¡has manchado todo tu cuerpo, el templo de Dios!”

Dios había impuesto estas leyes estrictas por propósitos de salud, para proteger al pueblo contra la propagación de enfermedades contagiosas. Pero para la mente judía, la muerte siempre fue un tipo de corrupción y pecado. Incluso el Nuevo Testamento enlaza la muerte con el pecar: “Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1).

Según Esdras y Nehemías, la muerte que tocaba a Israel fue la sensualidad y la mezcla con el mundo. Los hombres israelitas habían deseado a las mujeres irreligiosas cananitas y se casaron con ellas. Tenían hijos que no hablaban el idioma judío. ¡Había una mezcla impía!

Amado, si en cualquier punto en tu vida cristiana tienes un toque del mundo – un tinte de compromiso, un deseo que está tirando de ti – ése es un toque de muerte ¡y te va a costar la bendición y el favor de Dios!

Hageo propuso otra pregunta al pueblo:

“Si alguno llevare carne santificada en la falda de su ropa, y con el vuelo de ella tocare pan, o vianda, o vino, o aceite, o cualquier otra comida, ¿será santificada? Y respondieron los sacerdotes, y dijeron, No” (Hageo 2:12).

Hageo se imagina a un sacerdote llevando a casa un corte de carne santificada del altar de sacrificio. El profeta pregunta: “¿Esa carne santa transfiere santidad a su vestido? Cuando la pone en la mesa en casa, ¿Comunica santidad a cualquier otra comida allí?” La respuesta era un enfático, “¡No!”

Aquí está el punto de Hageo: ¡Estar alrededor de las cosas santas no te transfiere santidad a ti!

Estos israelitas pensaban que la misma tierra era santa, así que vivir en la tierra los hacía santos. Igualmente hoy, muchos cristianos están convencidos que están bien con Dios con tal que vengan a su casa. Piensan que a través de la alabanza y oración santificadora del pueblo de Dios, de algún modo la santidad de Dios será transferida a ellos.

Cantando aún en el coro, haciendo buenas obras, sentándose a la mesa del Señor – ninguna de estas cosas espirituales en sí mismas puede hacerte recto. Puedes sentarte en una reunión del Espíritu Santo y empaparte de toda la bendición de Dios – ¡pero no te hará santo si la muerte está tocándote!

Por otro lado, la muerte y la corrupción del pecado son transferibles. El pecado es una enfermedad contagiosa – ¡contagia todo lo que toca! Si el pecado está tocándote en algún punto, comienza a extenderse a través de todo tu cuerpo. Muéstrame un hombre a quien la muerte está tocando en alguna parte en su vida, ¡y te mostraré cómo ha arrastrado a su esposa, sus hijos, su casa entera!

¡Aquí está por qué Dios cerró todas sus bendiciones a Israel! Por qué los golpeó con destrucción y moho y trajo desagrado, sequedades, descontento, caos económico, vacío, cosechas pobres. ¡Fue porque estaban inmundos ante su altar! ¡Se habían descuidado tocando lo que estaba muerto y se habían vuelto adúlteros, malos! Si hay algo del mundo en tu corazón – si el toque de muerte no es purificado – no puedes tener la bendición de Dios. Estás en su desagrado – ¡y todo lo que haces es inmundo a su vista!


¡Gracias a Dios – él ha hecho provisión
para la limpieza de cada toque de pecado!


¿Estás batallando con un pecado secreto? ¿Ha impedido ese pecado el flujo de la bendición de Dios para ti? ¿Te sientes vacío, seco, solo? Escucha la Palabra de Dios para ti:

“Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados” (1 Juan 2:1-2). “Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Juan 1:9).

¡Si quieres ser limpio, corre a Jesús! “En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia” (Efesios 1:7). “Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados” (Colosenses 2:13).

¡Nueva vida y nuevas bendiciones son tuyas – ahora mismo, en Cristo! A Dios no le toma mucho tiempo limpiar por completo. Simplemente reconoce ante él: “Señor, te he fallado. Pero lo quiero fuera de mí – ¡quiero tu bendición!”

Clama su poder limpiador. Dios te devolverá su favor: “El hombre fiel recibirá muchas bendiciones” (Proverbios 28:20).

Amado santo, te ruego – determina en tu corazón no mirar el pasado. Llega a ser fiel una vez más, poniendo sus intereses primero y buscándole con todo tu corazón. Comienza a trabajar de nuevo en el templo del Santo Espíritu. El Señor te ha prometido: “Subráyalo en tu calendario – desde este día en adelante te bendeciré. ¡Te favoreceré!”

¡Aleluya!


Usado con permiso por World Challenge, P. O. Box 260, Lindale, TX 75771, USA.
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